Orquesta Nacional de Música Argentina Juan de Dios Filiberto. Créditos: Georgina García. DNOE.

Ayer miércoles 20 de Octubre en el segundo subsuelo del CCK hubo magia y celebración. La vuelta a la escena de la Orquesta Nacional De Música Argentina Juan de Dios Filiberto, luego de una cuarentena eterna para el show en vivo, fue así: Mágica.

La cita era a las 20 y, apenas un par de minutos después, salió al plató el equipazo que integra la Orquesta (esta vez con formación reducida por pandemia); al frente, el maestro Oscar De Elía.

Luego del breve afine comienza la velada musical con «Malevaje» en claro homenaje al fundador de la Orquesta, el maestro Juan de Dios Filiberto. Vibrante pieza que dió pie para las primeras palabras de De Elía y para pasar luego a «Lluvia de Estrellas» de Osmar Maderna. Acompañando se hizo presente el aplauso cerrado del nutrido público concurrente en la sala, que agitaba lo que venía después.

Terminada la canción, y con una presentación alusiva por parte de De Elía, ingresan al escenario Patricia Barone y Javier González, y los acordes melodiosos de los instrumentos suman voz y eléctrica.

Con una introducción de Galeano, un recite destacado de Barone, «Pompeya para Diego era París» de González – Szwarcman inunda la sala de energía. El homenaje al tío Diego, a la pelota, a su historia, recorre punta a punta el recinto y estremece. Vibra la voz, vibra el alma.

Acto seguido se produce un acontecimiento especial ya que Barone anuncia el estreno en vivo de una canción: El Mudo y el Gato. La historia, que remite al cruce de Piazolla y Gardel en Nueva York y la cálida amistad que nació entre los dos, nos sumergió por un momento en la historia y nos hizo repasar en unos minutos la vida de dos grandes. Acertada composición que, sin dudas, guarda la admiración hacia dos piezas fundamentales y emblemáticas del Tango Argentino, autoría de Barone y González.

A estas alturas la sala acompañaba cada fin de interpretación con intensos vivos. Todo era un fluir de energía y, a la vez, el lenguaje de los cuerpos dominaba el espacio.

Le sigue así al mencionado estrenó la canción «Pompeya no olvida», también de González – Szwarcman, y en el aire el clima era de una verdadera fiesta para los sentidos.

La banda en el proscenio no sólo brindaba música. Cada acorde era acompañado por el cuerpo siendo este y el instrumento uno solo. El compás de los pies ponía el toque preciso para sentir que el Tango se apoderaba del suelo hasta el cielo. Barone impecable, histriónica, su voz y sus gestos, su andar y sus movimientos, toda ella era una canción que agitaba el recuerdo y le ponía cadencia a las melodías.

Ph. Georgina García. DNOE


A continuación vendría el solo del violinista, grandilocuente ejecución de Pablo Agri y «Años de Soledad» de Ástor Piazolla y, acto seguido, Barone retorna para hacernos viajar una vez más subidos a su interpretación de «Malena» y «Balada para un loco».

Y volamos todos. Y volé, me ví reflejada en ella, me vi con cinco años parada al espejo cantando esos clásicos, y actuando. La fascinación de esos sonidos y esas letras que, atemporales, nos siguen estremeciendo. Los pelitos de punta, las lágrimas, el aplauso. Ese no sé qué que nos hace amar el arte.

Dijo el maestro De Elía «Que noche la de esta noche, dónde nos reencontramos para celebrar, para homenajear a Filiberto, a Diego, a estrenar una canción, a homenajear a Gardel, Piazolla. Una noche emotiva.»

Ph. Georgina García Fotografía para DNOE.
Ph. Georgina García Fotografía para DNOE.

Sin dudas la emoción ganó y queríamos más pero, protocolo vigente aún, el encuentro emotivo llegaba a su fin y, con Elizabeth Ridolfi al frente con su solo de viola («Inspiración» de Peregrino Paulos) la orquesta ponía el broche de oro a un intenso momento vivido. Una vez más, como a lo largo de todo el concierto, el lenguaje corporal de los músicos hacía sonar mucho más esos instrumentos. La cadencia, el color, la pasión, las piezas que se hacían carne en un retorno esperado. Cuánto pedimos volver a disfrutar de estos espectáculos, cuánto necesitábamos de estás dosis de adrenalina. Cuánto precisa el hombre de esa conexión divina con el arte. Y justamente anoche el habló una vez más, con ese lenguaje y los instrumentos en LA, y el toque de la varita en cada uno de los ejecutantes.

Aplausos inundaron la sala. La vara nos tocó a nosotros también por un momento. La música que nos conecta y, sin dudas, nos salva a más de uno una vez más.

Vida. Gracias. Hasta la próxima.

Ph. Georgina García Fotografía para DNOE.

Por: Susana Galarza.

Fotos de Prensa: Georgina García Fotografía para DNOE.

Galería de Fotos Speach por Eduardo Rivero.

Agradecimientos: Al equipo de prensa de DNOE y al CCK.